lunes 21 de enero de 2008

El campeón más humilde

Corría el año 1960 y en Roma se celebraba una nueva edición de los Juegos Olímpicos. Finalmente había llegado uno de los días más esperados. Era el turno del que quizá sea el evento más simbólico del atletismo: la maratón. Y allí estaba, entre decenas de atletas, el etíope Abebe Bikila, listo para la largada. El hecho de haber llegado tarde al reparto del calzado Adidas (sponsor de aquella competición) no le había permitido encontrar unos de su agrado, por lo que tomó una firme decisión: correría aquellos 42.195 metros descalzo, tal como él había entrenado durante toda su vida deportiva.
Y así fue como aquella tarde Abebe Bikila rompió el récord mundial, marcando un tiempo de 2h 15m 16,2s, y se convirtió en el primer atleta africano en ganar una medalla dorada olímpica. “Quería que todo el mundo sepa que mi país, Etiopía, siempre ha triunfado con determinación y heroísmo”, fueron las palabras de aquel campeón. Al año siguiente participó en varias maratones internacionales, las cuales ganó todas.
4 años más tarde tenía la oportunidad de demostrar nuevamente que aquello no había sido simple casualidad. Sin embargo, 40 días antes de la maratón olímpica de 1964 en Tokyo, mientras entrenaba en las cercanías de Addis Abeba, comenzó a sentir fuertes dolores, por lo que debió ser hospitalizado. Se le diagnosticó una apendicitis y debió ser operado de urgencia. Poco tiempo después, durante su recuperación, podía vérselo corriendo por los patios del hospital.
Finalmente viajó a Tokyo, aunque nadie esperaba su participación. Pero Abebe Bikila corrió aquella maratón (esta vez usando calzado Asics) y volvió ganar el oro olímpico con un nuevo récord mundial: 2h 12m 11,2s. Al volver a Etiopía, fue recibido con honores por el emperador, tal como había sucedido años antes.
En los juegos de México de 1968, participó nuevamente, pero pasados los 17 Km. de carrera debió abandonar por una lesión en su rodilla derecha. El ganador de aquella maratón, Mamo Wolde, su amigo y compañero de entrenamiento, admitió luego que de no ser por la lesión, Abebe Bikila seguramente hubiera terminado en primer lugar.
En 1969, mientras conducía el Volkswagen Beetle que le había otorgado el emperador etíope por sus méritos deportivos, sufrió un accidente en las afueras de Addis Abeba que le provocó una cuadriplejía permamente. Fue operado luego en Inglaterra, en donde consiguieron mejorar su condición a paraplejía, pero de cualquier manera su carrera deportiva había llegado a su fin.
Estuvo presente en los juegos olímpicos de 1972 en Munich, pero esta vez como espectador en una silla de ruedas. El norteamericano Frank Shorter, ganador de la disciplina, fue a estrechar su mano luego de recibir la medalla dorada.
Finalmente, en octubre de 1973 y a los 41 años de edad, Abebe Bikila falleció como consecuencia de una hemorragia cerebral, derivada del accidente que había sufrido unos años atrás. 65 mil personas despidieron los restos de quien fuera uno de los mejores atletas de todos los tiempos. El emperador Haile Selassie proclamó un feriado nacional para que la nación etíope recuerde a uno de sus más grandes héroes. En Addis Abeba, la capital de Etiopía, se alza un estadio que hoy lleva su nombre, como para inspirar al pueblo de una humilde nación a seguir adelante y no rendirse pese a las dificultades.